lunes, 30 de noviembre de 2015

Historia: Llamadas desde el Cielo

Llamadas desde el cielo
Era un día como cualquiera y empezaba la rutina de todos los días. Mariev dio un salto de la cama y se apresuro a llevar a sus dos pequeños niños a la escuela. Se despidió de su marido y agarro camino.
Mariev es una mujer de 30 años, es de estatura media, tiene unos ojos oscuros a pesar de que es rubia y blanca como la nieve. Ella hizo las cosas bien: terminó su carrera, se casó, formó una familia y tiene muchos proyectos por delante. Ella adora a su marido Gonzalo; se conocieron en un café un día como hoy. Sus hijos Misael y Mateo, son su tesoro más preciado.
Luego de haber dejado sus hijos en la escuela, se dirigió a su trabajo.Mariev trabaja en una asociación altruista, su prioridad es estar al servicio de los demás. Ella ha realizado grandes labores que se reconocen por toda la comunidad.
Luego de un largo día, era hora de volver a casa. Conducía mientras recibió una llamada de su asistente, y fue así como esa llamada se convirtió en la más cara del mundo.
Todo se volvío muy confuso, no sabía en donde estaba, tenía miedo. De pronto pudo ver un resplandor verdaderamente cegador, una vez que se acustumbro a el pudo ver como una espesa niebla la cubría. Luego veía como un silueta se iba acercando a ella, Mariev temblaba sin parar.
Sintió un gran alivio al ver un hombre vestido de blanco, era un poco bajo de estatura, pero sus alas eran enormesenormes; pero ¿a qué se debia todo esto? El empezó a hablar:
-Puedo ver tu cara de incertidumbre, no temas.
-¿Quién eres tú?- preguntó Mariev aún con temor.
-Mi nombre es Gabriel-respondió el hombre- yo siempre te cuide en tu estancia allá abajo.
-Entonces... ¿Estoy muerta?
-En estos momentos te encuentras entre la vida y la muerte. Veras-comenzó a explicar-tuviste un accidente automovilístico muy fuerte. La familia sufrio algunos golpes, exepto tú y alguien más que venía en el otro vehículo.
-No puedo....- Mariev empezo a llorar, era un lamento inconsolable.
Gabriel se acercó a ella, le dio un abrazo y luego de un rato la llevo a una especie de oficina.
-¿En dónde estamos?-pregunto Mariev un poco desorientada.
-Aquíse registran todos los que llegan y todos los que se van, es decir, los que están por nacer;pero tu debes de registrarte para que puedas encontrar la paz.-la tomo del brazo llevandola hacia las secretarias que trabajaban sin parar.
-¡No, espera! Me gustaría hablar con el Gran Señor- pidió Mariev.
-Eso esta muy difícil, el esta muy ocupado- mira su reloj- ¡a esta hora atiende a los llegados! si corremos podemos alcanzarlo
Y así fue, se apresuraron y llegaron con otra secretaria, le pidió Mariev si podía hablar con el Gran Señor, ella le dijo que no se encontraba pero estaba ahi uno de sus muchos representantes, por lo que aceptaron y pasarón.
El lugar era una especie de tribunal, el representante se encontraba en un asiento alto, saco un libro gigante y empezo a leer la vida de Mariev.
-Tomen asiento porfavor, veamos-comenzo a leer-fuiste una buen mujer, cumpliste tus metas, estuviste al servicio de los demas y oh...- de repente se detuvo.
-Mire, se que fue mi culpa y me arrepiento muchisimo, pero me gustaria pedirle un favor-dijo Mariev.
-Los accidentes pasan hija mía, pero debo consultarlo con mi superior, es muy raro que concedamos favores, esta decisión no la puedo tomar yo solo- se paro de su asiento y desapareció.
Luego de algunos minutos, el representante volvió y dijo:
-Mariev, tus acciones entre los mortales te han salvado, hemos decidido darte 3 deseos, pero ten cuidado con lo que pides-le advirtió-ahora te puedes ir y una vez que termines regresaras aquí, para dar el veredicto final.
-Asi sera mi señor-contesto Gabriel-vamonos Mariev.
Salieron de la sala y Mariev se sentia muy contenta, podía hacer lo que quiera y de inmediato se puso a pensar lo que haría con su primer deseo. Luego de pensarlo varias veces, le compartió su idea a Gabriel.
-Oye Gabriel, ¿Y si pido un teléfono capaz de comunicarnos con nuestros mortales?, así tendremos una opotunidad para despedirmos.
-No se Mariev, y ¡si nos metemos en problemas!
-De ninguna manera, solo será una llamda y yo no sere la unica beneficiaria
-Esta bien yo te apoyo-dijo Gabriel
-Deseo un telefono capaz de comunicarnos con los mortales-dijo Mariev con todas su fe y en unos instantes apareció.
Solo había pasaso 1 hora del accidente, sabia que su esposo Gonzalo aún no estaba enterado de lo sucedido, por lo que no lo penso dos veces y lo llamó:
-Hola mi amor, ¿ya están los niños en casa?-preguntó Mariev
-Así es mi amor, ¿Cómo te fue en el trabajo?- preguntó Gonzalo
-Bien, pero tuve un imprevisto y llegaré un poco tarde.Te amo, eres lo mejor que me a pasado en esta vida, cuida de los niños, diles que son lo mas preciado que tengo y siempre veré por ellos, nunca los dejare solos. Si llego a tomar una mala decisión, te suplico que me perdones..-Mariev estaba a punto de estallar en lágrimas, por lo que no podía decir una palabra más.
-Mariev, yo también te amo,¿te encuentras bien...?-Mariev colgó.
En cuanto colgó Mariev, Gonzalo vio en las noticias el tragico accidente, por lo que avisó a sus padres y salió de inmediato al hospital.
-No aguanto Gabriel, quiero verlos por ultima vez-ella seguía llorando
-Si es lo que deseas, adelante-sonrió Gabriel.
En un parpadeo, estaba en el hospital, paseaba por los pasillos hasta que encontró una mujer que tenia su cara hinchada del golpe que recibio y estaba conectada a muchas maquinas que al parecer era la que la mantenia con vida. Entró a la habitación y vio a un hombre totalmente destrozado, era su querido Gonzalo, se acerco a el y lo acaricio por ultima vez sin que el se diera cuenta de su presencia, salio de la habitación y vio a sus padres y a un lado estaban sus pequeños hijos, se acerco a ellos y se despidio de igual manera y nadie la vio.Estaba a punto de regresar, cuando escucho un llanto muy fuerte. Ese llanto era de la familia que venia en el otro coche, su hijo se ponía cada vez peor, Mariev se paralizo al ver que un niño de 6 años estaba en la mismas condiciones que ella.
Gritó con tanta rabia, se sentía tan culpable. Por lo que cerro sus ojos y dijo:
-Deseo que el viva, yo no...-pidió Mariev de todo corazón.
Cuando levantó la mirada, pudo ver como el niño abrio los ojos y como toda su familia festejaba, con una sonrisa en el rostro Mariev regreo al cielo.
-Mariev sabías que con ese último deseo te podrías salvar- dijo Gabriel y le dio un fuerte apretón-eso fue un gran sacrificio, ¿porque lo hiciste?
-Porque de alguna manera yo ya viví, me duele despedirme de lo que fue mi vida, pero asi son las cosas. Ese niño tiene todo un camino por delante, además yo provoque ese accidente.
-Ya no digas mas Mariev, ese accidente se borra con lo que acabas de hacer, su familia te lo agaradecera muchisimo-le dijo Gabriel.
Juntos fueron al tribunal a presentarse con el representante como habían acordado.
-Mariev, el haber sacrificado tu vida por la del niño no tiene precio. Lo del telefono es muy buena idea, te aseguro que le daramos un buen uso.-dijo el representante- Te informo que te ganaste tu pedazo del cielo, además, te tengo un gran regalo para ti. Podras bajar a la tierra de los mortales, encarnandote en personas que tengan lazos cercanos a tu familia, tambien los cuidaras y podras verlos desde aca arriba,asi podras ver crecer a tus hijos y ver como todos triunfan en la vida.
-¿Habla en serio señor? En verdad ¡muchisimas gracias!-contesto con una sonrisa
-Gracias señor, estamos muy agradecidos-contesto Gabriel
-Anda hijos míos vayan a disfrutar su nueva vida-los despidio el representante
-Asi será mi señor.
Cuando salió Mariev del tribunal, pudo escuchar la voz de su marido quería saber de donde venía y empezó a buscar por todos lados. Gabriel le mostró la escena, estaba Gonzalo en la habitación del hospital, desesperado por salvar a su mujer.
-¡No me hagas esto, no te vayas!-gritaba Gonzalo con mucho dolor, pero era en vano Mariev ya se había ido.
Gonzalo se asustó, al ver que la ventana se abrió de un golpe, sintió un corriente de aire y junto con ella alacanzó a escuchar un voz decir:
-No temas amor mío, yo los cuidaré desde mi cielo.


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Por:Rocío González
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